SARANDY CABRERA:

ESCRITOR   TRADUCTOR   PERIODISTA    CARICATURISTA   COFUNDADOR    PROYECTISTA    GRAFISTA    EDITOR

VIAJES Y RESIDENCIA


1952 Austria, Hungría
        Italia
1957 Ceilán (Sri Lanka),
        Pakistan, Malasia,
        Hongkong
1959 China, URSS,
        Mallorca
1966 Italia, Francia
1971 China, Italia,
        Francia, Albania
1975 Francia, Inglaterra,
        Italia, Alemania,
        Suiza y Suecia
1978 Viaje a Yugoslavia
1983 Viaje a China
1983 Viaje a la India
1985 Viaje a la India
1989 Viaje a Argelia y el
        Sahara Occidental
        (Frente Polisario)
1991 Varios viajes a
        Kenya, Nairobi

1963-65 Residente en
        Pekín, China
1972-73 Residente en
        Santiago de Chile,
        Chile
1973-77 Residente en
        Buenos Aires,
        Argentina
1977-84 Residente en
        Växjö, Suecia
1984 Residente en
        Viena, Austria
1985-93 Residente en
        Ginebra, Suiza





 

Cabrera, Sarandy

En la historia cultural del Uruguay en el siglo XX, la llamada “Generación del 45”, intervino de manera profunda en la sustancia literaria y crítica del país. Un grupo de escritores reunido en torno de la revista “Número”, a partir de 1949, significó una revisión del pasado remoto e inmediato de la cultura uruguaya y una propuesta de obras que por las sendas de la narrativa, la poesía o el ensayo desarrollaron una tarea creadora que seguía los criterios esgrimidos en el plano crítico.
En ese grupo la figura de Sarandy Cabrera (1923) quizá resulta de las más emblemáticas y consecuentes. Fundamentalmente poeta desde “Onfalo” (1947), su primer libro, su versatilidad lo puso en contacto con
otras áreas en las cuales despliega rigor y talento. Ello vale también para las artes gráficas, ya que fue diseñador de la revista “Número” y de “Removedor”, la publicación del Taller de Torres García. La traducción de poetas diversos desde Cátulo, Pietro Aretino a John Donne y los años al frente de la página literaria de “Marcha” marcan también su concepción de un periodismo cultural renovador que, por ejemplo, coloca la figura de Gardel y del tango en una nueva perspectiva, sin descuidar, por supuesto las figuras y acontecimientos que sucedían en el entorno. Quizá convenga subrayar que, en una postura equivalente a la de Bartolomé Hidalgo, que forja el instrumento de la poesía gauchesca, Cabrera bajo el “alter ego” de Pancho Cabrera, es el primer poeta culterano de su tiempo que se suma con sus décimas a una postura política. Ello ocurre a la vez que cantores populares desarrollan, precisamente, la llamada “canción de protesta”.
Sarandy no ha abdicado de su mordaz capacidad crítica y de una constante búsqueda que le ha hecho recorrer como poeta y como ser comprometido con su tiempo, un itinerario que no se satisface con sus propias convicciones, sometiéndolas siempre a la pasión de la controversia. Así ha dirimido quizá consigo mismo y su pasado en el Taller de Torres García, una nueva visión totalmente opuesta a la adoración clásica del maestro.

Su poesía ha seguido también los más diversos giros. Desde la originalidad entrañable y teñida por el surrealismo de su lenguaje en los comienzos, hasta la militancia política descarnada de “Poeta pistola en mano” para desembocar finalmente en la poesía “libertina” en la que la visión clásica de Cátulo o la lujuria de Aretino y la sensualidad del Renacimiento italiano confluyen.
Los ochenta años de edad, encuentran al poeta en viva batalla con el mundo de hoy. Se le ve vibrante de indignación y dando el mismo combate por las razones de la condición humana, donde sea.
Para un adolescente que lo conoció en sus primeros poemas, es inexcusable confesar que Sarandy fue una sabia influencia, arisca y avasallante, que a veces desde un humor ácido, burlándose de Nuñez de Arce en paródicos recitados o poniendo sobre la mesa los poemas de Antonio Machado o Pessoa, era capaz de sacudir y desencadenar en su joven interlocutor de entonces, un interés y un rigor por el arte, que habla de su capacidad fermental.
En este esbozo no puede quedar silenciado el editor que desde Suecia dio curso a numerosos libros que seguían sus pasos en predilecciones y rechazos. Tampoco el personaje humano, arbitrario muchas veces, convencido siempre y siempre, como hoy dispuesto, a repensar y volver a colar la misma onda fugitiva que nos lleva para que no todo sea corriente fugitiva.

Sarandy representa un Uruguay que está pasando o ya pasó, no sólo porque él mismo es uno de sus pocos sobrevivientes, sino porque el mundo mismo no ha detenido su errático curso que no se entiende hacia donde va. Si es que va.
Nadie que haya tenido la fortuna de compartir con él esos tiempos y su incomparable humor verbal, que se encendía en inesperados juegos de sílabas, puede esquivar el impulso que se llama homenaje.

                 Hugo García Robles        

 

SC nació en Rivera, Uruguay,  el 14 de setiembre de 1923. Falleció en Montevideo el 5 de abril de 2005.
Integró las aventuras literarias y culturales de la llamada generación del 45 colaborando 20 años en el semanario MARCHA y participando activamente en la vida intelectual del Uruguay. 
Según el crítico Angel Rama "pertenece como figura de primera línea al vasto movimiento que hacia el 50 reestructura las letras nacionales y es uno de los fundamentadores de la nueva lírica uruguaya(...).

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