SARANDY CABRERA:

ESCRITOR   TRADUCTOR   PERIODISTA    CARICATURISTA   COFUNDADOR    PROYECTISTA    GRAFISTA    EDITOR

· Onfalo, 1947
· De Nacer y Morir, 1948
· Conducto, 1949
· La Furia, 1958
· Poso'60, 1960
· Poemas a Propósito,
  1965
· Banderas y Otros
  Fuegos
, 1968
· Poeta Pistola en
  Mano,  1970
· Los 37 Poemas de 
  Mao Tse-tung
 
  (Prólogo), 1974
· El Martín Fierro para 
  los Niños, Bs. As.1977
· Gracias y Desgracias 
  del Santo Pedo
, 1980
· Soneroticón,  Ginebra,
  1981 
· Poeta Epístola en 
  Mano
(iii), Suecia,
  1982 
· Puta Cicuta
· Oporinos
· Camasutrón
· Sonetos a Don Pijote,
  1983
· Epigramas Eróticos 
  de Marcial

· Volver a China, 1986
· Poemas Zoológicos
  Estocolmo, 1985
· Tulejos y 44.U.8,
  Ginebra 1987
· Caricaturas en marcha
· Apuntes sobre  Poesía
  Libertina
.
  Estocolmo, 1988
· Del Insurrecto
· Nomenclatura y 
  apología de la concha
,
  1989
· China en el colapso
  mundial del leninismo,
  1990

· Papeles de Volusio
· Sonetos Lujuriosos del
  Aretino
, 1991
· Quimerinos 
· Elegías Completas de
  John Donne
, 1993
· Oro de la Conquista 
  vs.  Dólares Deuda
  Externa
, 1994
· Puta Cicuta e Intifada,
  1996
· Obra Poética Escogida
  Publicada & inédita,
  2004
Édito
De inspiración popular
En disco / MP3
 
Inédito
    
Premios y menciones
Inclusión en antologías
 
Crítica
   

 

 

 

 

 

 

 

 

POETA PISTOLA EN MANO

SC lee "Primeras Ráfagas"

Ediciones TAURO s.r.l.
Colección "El Baldío", volumen No. 15
Papatipo de carátula: Líber Delucía
Impreso en IMCO s.r.l.  -  marzo 1970 (primera edición)
Segunda edición:
Tercera edición: Editorial Schapire, Bs. As.
 
REVOLUCION Y LITERATURA POR SU ORDEN

El orden de este título no es ligero capricho sino elección valorativa. Hay una relación natural en los hechos del mundo y la cultura, que los maestros del pensar social económico y político han explicitado con la conocida división de base y superestructura. Me atajo al fácil reproche y aclaro que entre una y otra no veo una helada relación causal sino una dependencia biunívoca y dialéctica. Las artes no serían el producto ciego y mecánico de los procesos de las transformaciones sociales -cosa que han señalado también los maestros, si no hasta el cansancio por lo menos con asidua frecuencia- pero eso sí, las artes no proceden de una nada intemporal e impoluta.

¿De dónde viene la literatura? podríamos preguntarnos parafraseando al maestro chino que se preguntaba en su ensayo bueno dos veces; ¿De dónde provienen las ideas correctas? El lector que ya conoce la respuesta -la práctica social- no se hará violencia en asignar igual origen a toda literatura. Con lo que, lógicamente, en una sociedad dividida en clases, esa práctica se inscribe en la dicotomía de la contradicción y rueda naturalmente por las vertientes que ella determina. En otras palabras: la literatura expresa uno u otro polo de la contradicción, aún en el caso hipotético de que parezca expresar la contradicción misma. Expresa de una manera directa y frontal, o elusiva, compleja y contradictoria una posición del artista ante un mundo en devenir. Antes hombre que poeta, decía Cesare Pavese con lo que expresaba de otra manera una elección en la candente disyuntiva. Es difícil que encontremos la posición opuesta expresada sintéticamente y con tanta frontalidad. Pero tal posición existe en la práctica de la literatura, que es también, una práctica social. En estos días de nuestro continente, conócese toda una literatura montada sobre tales presupuestos con deslumbradora brillantez técnica e indisputable talento. Cortázar, como ejemplo. No es mi propósito terciar en la amistosa polémica habida entre Cortázar y Collazos, sino tomar pie en algunas de las afirmaciones del primero para tratar de descifrar su efectiva colocación ante el problema de las relaciones entre el escritor, la literatura y la revolución, en cuanto este novelista ejemplifica una concepción implícita en él y en otros de sus colegas de la hora. Naturalmente quedan de lado otros aspectos no menos polemizables de las afirmaclones del porteño sobre los cuales seguramente se debatirá en tiempos que vienen.

Julio Cortázar, en su ensayo "Literatura en la Revolución y Revolución en la Literatura" publicado en "Marcha" (Nos. 1477-78) se sorprende ante la declarada unidad de escritor y revolucionario de Oscar Collazos a tiempo que sostiene que a él mismo -a Cortázar- las cosas no le "suceden con tanta facilidad". En el caso de Collazos, dice Cortázar, "lo más que puedo hacer es admitir y admirar esa armonía de su personalidad, el hecho de que en él no se dé ningún divorcio, ningún desajuste esencial, y que sus obras deriven de su pluma como el resto de sus actos deriva de su persona; en cuanto a mí... las cosas no me suceden con tanta facilidad aunque de ninguna manera creo que eso me ponga, como cuentista o novelista en contradicción con mis responsabilidades para con la tarea revolucionaria." Pocas veces en tan pocas líneas se ha expresado con tanta precisión y nitidez la concepción de algunos escritores latinoamericanos de actual notoriedad editorial ante la ineludible disyuntiva revolucionaria y sus consiguientes obligaciones.

Según él mismo lo dice, a Cortázar en su literatura, le ocurren cosas, le suceden cosas como si él mismo fuera un ente intemporal, un ser metafísicamente definido como la esencia Cortázar; sin la conciencia de que, dialécticamente, el escritor a la vez que es, también es el escritor que quiere ser; o mejor dicho, el hombre que es y el hombre que quiere ser, el cual también practica la elaboración del subproducto que conocemos con el nombre de literatura.

A lo que parece, tanto a Cortázar como a otros escritores latinoamericanos no menos celebrados por ciertas clases sociales, le ocurre que aún negándolo, postulan su intangible perfección metafísica. El mundo debe cambiar revolucionariamente sostienen en artículos o reportajes, pero no su propio ser individual, su propia manera, afirman implícitamente, con "vieja concepción de los privilegios de la intelligentsia". Todo debe ser modificado, todo debe ser aventado, revolucionado, corregido, estremecido, incluída la literatura, para lo cual "aporto -dicen- mis responsabilidades para la tarea revolucionaria", con la sola condición de que, en cuanto a mí no haya acción transformadora necesaria; yo, desde ahora estoy apto para integrarme a un orden nuevo y más justo: conmigo las cosas no "suceden con tanta facilidad". Así que, pese a sus protestas de responsabilidades asumidas, de un plumazo el escritor se exime y se excluye del proceso de revolución y de transformación. Por tanto no se inquieta mayormente en averiguar por qué le "suceden" ciertas cosas, por qué no le es fácil reunir en una pieza al escritor y al revolucionario y sí le es posible, al artista que revoluciona su oficio y al hombre que es, sin conflicto de necesaria transformación. Ni pierde el sueño en preocuparse por resolver tales perentorias urgencias en actos literarios concretos, y si lo hace es en sus declaraciones. No se pregunta de dónde procede ese hecho, su propio ser de escritor según determinadas premisas, y de facto se considera fijo e indestructible como marcado por voluntad divina. En una palabra: es el escritor que se limita a creerse ajeno al gran proceso o apenas a integrarlo en calidad de mentor. ¿Qué otra interpretación cabe a la afirmación del porteño de que "estamos necesitando los revolucionarios de la literatura, más que los literatos de la revolución"? En tal concepción, el literato es el mentor que discurre sin integrarse al gran cuadro en que se inscribe como uno más y no precisamente el decisivo, si es que tal existiera. De tal modo que, al abordar la realidad, la aborda desde afuera, como un cronista fantasioso y rico, eso sí, un rico e inteligente cronista, el brillante guía para conocer un mundo desde todas sus posibilidades creadoras plenas e indisimulables. Al respecto dice Julio Cortázar: "mis cuentos no solamente no la olvidan -a la realidad- sino que la atacan por todos los flancos posibles buscándole las venas más secretas y más ricas". Exactamente definida la labor que le cabe al escritor aunque salteándose el rubro de las motivaciones. ¿Qué venas buscar? ¿Dónde buscarlas? ¿Para qué buscarlas? El moderno pensar revolucionario, junto con afirmar el carácter cognoscitivo del arte, ha señalado con razón su voluntad transformadora. He aquí pues la opción permanente del artista que sostiene cumplir sus responsabilidades para con la revolución. No más que dos posibles caminos y consiguientemente más preguntas. ¿En qué clase social buscar las venas? ¿Qué valor de transformación comportan las venas exploradas? ¿Venas para cambiar al mundo o para preservar un status de dolor y de infamia? Aunque obviamente la realidad no se ofrece al escritor como un algo monolítico y descifrado, el proceso de exploración exige a mi modo de ver una intención, una elección ideológica y vital.

Ya no puede escribirse más, como hace Cortázar y hacen otros sin decirlo tan brutalmente que "una literatura que merezca su nombre, es aquella que incide en el hombre desde todos sus ángulos... que lo exalta lo incita... lo cambia... lo hace en realidad más hombre" etc., con tal ligera imprecisión. ¿Acaso existe ese "hombre" en tal grado de abstracción, esa pura entelequia por encima del hecho que enfrenta a las clases sociales antagónicas? ¿Hay en alguna parte ese ente maravillosamente capaz de pasar por alto la contradicción que desgarra cuerpos y mentes humanas irreconciliablemente antagónicos como clases? Nadie olvida las viejas respuestas a este planteo superado por la experiencia de la práctica política, social y literaria. La ponencia de Cortázar en nombre propio y de terceros al uso, es un viejo cadáver que huele ni más ni menos que a una rancia podredumbre de siglos, rebotada como desde una cancha de pelota. El viejo cadáver que en estos días que corren` solemos distinguir con nuevo nombre -sectarismos aparte- es el del individualismo de la pequeña burguesía ilustrada que alienta pretensiones ecuménicas referidas a su propio ombligo.

Nuevamente Cortázar -un ser tan inteligentemente original como nefasto para la causa que declara defender- da en el justo centro y nuevamente se saltea las opciones: ¿Qué hombre exaltar? ¿Qué hombre incitar? ¿Qué hombre hacer más hombre?

No es dudoso para muchos artistas latinoamericanos -recordemos la estatura poética humana y revolucionaria de Javier Héraud- que se trata de exaltar al hombre revolucionario en el terreno de lo práctico social y político, se trata de incitar y de hacer más pleno en el mismo terreno al hombre de una clase -por extracción o identificación- la clase oprimida. ¿Y para qué? Para ayudarle a ver más hondo en su propio ser y en su propia tarea a cumplir. Pero es claro que sólo en estrecho contacto con tales hombres de tales clases, de tales hombres exigentes y morales, en el íntimo contacto de la tarea cumpliéndose, sólo podrá expresar, no aquello que el artista ha creado desde su individualidad desgajada, sino lo que ha creado desde su fraternidad, desde su humilde identificación con el gran protagonista.

Corresponde señalar que en esta aseveración no hay velado reproche al voluntario exilio cultural de Cortázar: todo el mundo es patria según con quienes se viva, para qué intereses se produzca, a diapasón de qué clase se piense y se actúe.

También es cierto que la obra revolucionaria que, pese a todo, Cortázar parece querer, exigir o preferir "no se fabrica solamente con buenas intenciones y militancia política" como afirma el novelista. Con tales palabras lo dice y es justo lo que afirma. Pero tampoco es menos cierto, ni menos importante que la obra revolucionaria no se realiza sin buenas intenciones y sin militancia política. A menos que lo adjetivo -lo revolucionario- se descarte y con ello todo el sentido de esta amistosa controversia.

Porque es justo lo que afirma Collazos de que somos -los actuales escritores latinoamericanos- "incapaces de responder en actos culturales, en la misma medida que el continente y algunos de sus hombres, han respondido en actos políticos". Vallejo -traído a cuento por Cortázar- preveía con razón, un "balance desastroso para su generación", balance desastroso que también puede adelantarse desde ahora y en general, para la generación de los literatos del continente que bordean en más o en menos los cincuenta años y la publicidad. No es injusto afirmar que "Cien años de Soledad" por ejemplo es precisamente esa respuesta inferior en el plano cultural, por su inoperancia ante las exigencias de la hora y por su morboso escapismo cómplice.

A esta altura se hace forzoso un alto en nombre de una necesaria postulación clarificadora. Dice Mao en sus "Charlas de Yenán": "La característica común de la literatura y el arte de todas las clases explotadoras en su período de decadencia es la contradicción entre su contenido político reaccionario y su forma artística". Es precisamente esa misma forma artística que un día deslumbró a Cortázar encarnada en Borges, su mecanismo mental e implacable rigor, la que le lleva a pasar por alto la denuncia de terceros sobre la personalidad políticamente aberrante del viejo escritor oligárquico.

Y es justo que se le niegue como escritor, porque como escritor revolucionario -que es lo que interesa a los fines de la transformación- Borges es estéril, es decir no existe. Quede la tarea de exaltarlo a la oligarquía a la cual sirve eficientemente y con toda su inteligencia y lucidez.

Al pedir una unidad esencial y dialéctica en la obra de arte que nos compete por exigencia de este tiempo, pedimos junto a la aventura del arte y del lenguaje, precisamente su "buena intención" y su "militancia", pese al desdén culto que tales presupuestos puedan generar en ciertos círculos literarios al uso editorial. Lo bueno y lo malo de esta historia -maniqueísmo aparte- es lo bueno y lo malo que ayude a cambiar, a destruir a revolucionarizar, o que ayude a perpetuar, a asentar a afirmar un orden cuestionado con los hechos.

Hay un hombre común, de una clase social común, que refrendará este utilitarismo revolucionario, por más que una dorada "intelligentsia" crea estar por encima del pueblo común, por encima del bien intencionado común y del generoso militante común.

Si es verdad que la buena intención, que aunque imprescindible, no basta, tal cosa no implica sostener que la obra de arte revolucionaria no sea además -como dice Cortázar- "el fruto de una larga obstinada confrontación con el lenguaje... la realidad verbal que su don de narrador utilizará para aprehender la realidad total en todos sus múltiples «contextos»".

Aún cuando Cortázar lo niegue, su propia literatura, toda literatura que se oriente con premisas semejantes a las expresadas en su hacer literario, descartada la intención teórica, servirá en los hechos, no a la revolución que se dice defender y con la cual se declara existencia de compromiso, sino a la perpetuación cultural de una clase afincada en la infamia y a esa infamia misma en tanto hecho social concreto.

El artista revolucionario es utilitario -como ha dicho el maestro chino- pero no en el sentido del utilitarismo de las clases explotadoras sino en un sentido proletario y revolucionario, en el sentido de pertrecharse para combatir mejor en todos los terrenos.

Otra vez nos acecha el dilema de lo bueno y lo malo, en el sentido moral y político. ¿Bueno, para qué? ¿Malo, para qué? Quienes se proclamen revolucionarios y por consiguiente materialistas pondrán el énfasis en el efecto obtenido de la literatura y quienes chapaleen el barro del idealismo individualista lo pondrán en el vago móvil de una revolución en el plano de lo artístico que redundará en lo político pasando por aquel "hombre" abstracto "promovido, estimulado, exaltado".

No podría negar el valor de la literatura, porque mi larga persistencia y paciencia en arte tan desleal y escurridizo como la poesía, es prueba suficiente, pero creo que debemos ponerla en su justo terreno auxiliar, a la vez que precavernos contra la idea de que literatura y revolución pueden hablarse de igual a igual.

Así como Cortázar reprocha a Collazos confundir los territorios de la literatura y la lucha política, nosotros le reprocharemos a Cortázar y a sus semejantes no confundirlos lo bastante, aún en el orden de las necesarias prioridades. Tan ciega es la postura incriminada, que Cortázar llega a afirmar que es falso y peligroso situar los actos culturales por debajo de los actos políticos concretos de nuestro continente.

Aunque es cierto que no comenzará la literatura el día hipotético en que la revolución se haya logrado, no habrá revolución verdadera en la literatura, si no es en medio de una revolución socio - económica. No hay redención ni desalienación para el artista -ni para su técnica ni para su lenguaje- si no media la revolución en el terreno de la base y si la propia literatura no es sometida a investigación -como decía Brecht- en el proceso de la propia revolución en todos los frentes_ de la vida. Y en ese proceso es bien posible que se incurra en obras menores o aún francamente deficientes. Las tensiones que esa búsqueda en medio del proceso revolucionario acarree, no serán tensiones en el seno de "las sociedades socialistas", como afirma Cortázar, sino tensiones dentro del mundo del intelectual tributario de concepciones ideológicas y políticas conservadoras o reaccionarias.

No nos engañemos. Toda esta moda que agita y es agitada por el viento editorial -a su vez tributario de ciertas clases por interés propio o interpuesto, o por requerimiento de supervivencia en una selva de alienación- no es sino el coletazo del gran espasmo de una sociedad en agonía, aún cuando -como señala Mao- como obra de arte, se nos ofrezca en atuendo de deslumbrante pero corrupta belleza.

Y he aquí lo contradictorio y sorprendente, lo dialécticamente sorprendente. También de la técnica de esta literatura tiene el artista revolucionario que aprender y tomar. La cultura -como se ha dicho es una continuidad en cuyo devenir nos inscribimos dialécticamente y cuya herencia hurgamos pragmáticamente, a los fines que nos convenga como clase o grupo de clases entregados a resolver una contradicción antagónica.

Controvertir una literatura no es descartarla totalmente, es enfrentarla en su contradicción, empleándola para la empresa de otro hacer que se reputa más urgente y necesario. Con tal sentido de continuidad pretende presentarse este libro, insertarse en una literatura que está siendo, aún en aquellos acentos de su tiempo que coloca en el plano de controversia. Padece por lo tanto, junto con limitaciones imputables a la capacidad del autor, otras que toman raíz en su condición cultural tributaria, en lo mayor, de la pequeña burguesía, pero son a la vez el fruto contingente de una parte de este proceso de transformación que nos va implicando en carácter de agonistas parciales.

Aquí en mi país, en nuestro continente, con lo que me toca de dolor, de odio, de muerte, de vejación y de decisión de aventar tanta infamia, nacen estos poemas. Nacen de tal práctica social urgente e irrecusable.

Van disparados en ráfagas sucesivas porque el poeta ya no puede aventurarse en este mundo si no es pistola en mano, ni tampoco mantener el índice paralítico ante tanta corrupción y dolor como nos duele en el ámbito de la patria y del mundo.

En tales condiciones estos poemas aspiran al destino de objetos de uso en manos de quienes quieren liquidar un estado de cosas que arrasa con el hombre mejor -no al hombre en abstracto que incluye al dueño del banco y de la tierra- ese divino impaciente que con su trabajo movilizará el "ala fúlgida" que al decir de Luis Cernuda, "segó como una hoz los cuerpos poderosos".

Ofrezco pues, un libro contingente y ocasional. En tal sentido debe tomarse como una herramienta, como un martillo, una tenaza o
-¿por qué no?- una pistola, objetos todos que sobreviven maravillosamente pulidas por la mano, o se quiebran si su temple no alcanza al esfuerzo que su tiempo les exige con toda razón.

                                                                        SC

 

PRIMERA RÁFAGA

El poeta se apresta ante pares e impares
a decir poesía desagradable.

El poeta considera que ahora en este punto
la llamada protesta
si no afecta en carácter de cosquilla
el sentimiento de los poderosos
menos sus intangibles intereses.

Suele el rico citar a los cantores
y les ofrece magnánimamente
radio televisión y prensa grande.

(De ahora en adelante
se trata de emitir nuestros mensajes
entre nosotros mismos,
con el manejo de un lenguaje nuevo.)

En consecuencia y en verdad el poeta
se propone ser bien inconveniente
para algunos
y poderosamente revulsorio
para otros.

En tal caso se expone a ser negado
censurado encarcelado golpeado
y de ser acusado al mismo tiempo
como compinche de desagradables
veraces contumaces permanentes
proveedores de hierro y exigencia.

(Cacheteado por unos
y exigido por otros
el poeta no funge desgraciado.)



FUEGO DE TUPAC AMARU

                                        A Tenondé

Según apuntaciones de las crónicas
descuartizado roto desmembrado
degollado deslenguado
otros ciegos feroces quisieron apagarlo
definitivamente y para siempre
con su mujer la brava Micaela
y sus hijos la sangre de estas sangres.
Otra vez redivivo cuando despierta el pueblo
americano al fondo de su ancestral hondura
indio mestizo cholo o simplemente criollo
claro que no por sangre definido
sino por altivez ante la dura
dureza de los fieros que te oprimen,
Túpac Amaru vuelve y se presenta
con este rostro actual con ese hierro
ese bastón esa coraza que tú sabes
ese lenguaje que conoces.
Con ese ser actual que un cagatintas
o un ministrón garcía un parachueco
soldadote francés protogorila
o cualquier director de la manana
condecora de nuevos insultos a la espera
de hacer lo que los otros infligieron
al cuerpo de Túpac que hoy se levanta.

Pero aquellos cayeron condenados
no solo por el tiempo, por el hierro
de otros nuevos gabrieles, de otros firmes
decididos al hierro vengativo.

Y esos ciegos de hoy no menos crueles
padrinos de lo viejo lo podrido
lamedores del agua del oprobio
seguidos de los dobles tiratiros
de la ciudad a la estancia
y hasta el lujo ofensivo del retrete,

¿en qué ley, en qué apoyo
en qué destino esperan
recibir como don mejores suertes?

El golpeado de antes y de ahora
Túpac Amaru, la verdad al cinto
al corazón las voces verdaderas
y la verdad a la razón terrible
vuelve a decir de nuevo su palabra
su segura palabra
su última palabra
nuestra palabra última
la palabra del acto.



A PROPOSITO DE DEUDAS

¿Quién va a pagarme ahora estos jornales que desde hoy se me adeudan
por el uso abusivo de este día?
Son veinticuatro horas netas de este día
que sin que yo aceptase, dispusieron
para el oprobio, el puro manoseo
la suficiencia ignara del tiratiros joven
el de la pistolita.
Su nombre: sí señor
su oficio: sí señor
y sus medios de vida: sí señor
y la constitución de su familia
y qué hizo tal día y tal y espere
y espere más y espere, sí señor.
Si no bastaran ya las deudas generales
que un puñado de déspotas sutiles
conmigo en el conjunto han contraído
ahora tengo en mis cuentas personales
tres jornales de odio que me deben.

De acuerdo con las leyes que ellos mismos
los feroces y dulces enemigos
servidos de sus pobres servidores
han decidido democratísimamente,

dieciséis de estas horas invertidas
en esperar nomás
en meditar nomás
en prepararse más
se abonarán contado y duplicadas
al ser sobre el jornal, extraordinarias.
Se cierra este reclamo:
Se me deben cinco jornales netos
de odio de indignación
y de justicia
pero yo sé a quien debo
reclamarlos.
 

CARTA A LA MADRE

                  Viento y nieve aventaron las diez bocas que fuimos...
                                                                        Tu Fu

Madre vieja y dulcísima, mi madre
la madre que soñaste a este hijo errabundo
el día de su llegada un destino de artista...
y se fue de tus manos alejándose.
Adónde irá a parar no preguntaste.
Qué mundos acechantes
en un mundo de estrépito y lucha no advertiste.
Firme en el corazón me suponías
débil el cuerpo y el afán tal vez.
Porque se fue _aquel hijo concebido una noche noche
de amor que nunca maldijiste aunque eras madre pobre de poeta.
Al cabo en lentos días, en rueda de hondas noches
trajinados enseres menesteres desconcertantes  luchas
que apenas comprendías o sabías
para quedarte sola en tu rincón acaso,
ésa era la respuesta que el pobre te ofrecía.
¿Pero no piensas madre que este hijo
te llevó siempre desde su corazón hasta sus versos?

¿No piensas madre cómo entre los sueños
viniste a fatigarle en sus angustias
por cuanto en el solar te amenazaba?


¡Cuánto día en tu memoria consumiera, cuánto penar de errante cobijara,
madre, andando en un mundo fragoroso!
También hechos de viento vieja madre
nos perdemos huimos, la sangre consumimos
y un hombre un nuevo mundo nuestra ansia solicita.
al cual por la justicia apostamos la vida
y arriesgamos la nada que tenemos.
Solo desgajamiento madre en pago
del destino que un día fue elegido
por tu hijo y su prole generosa
que aunque lejos seguro no te olvida
hijos de una familia más amplia y generosa
la única segura del futuro de un día.
A veces dices madre que te duele la vida
y en tu dolor también nos duele el alma.
Y a ese doble dolor ese triple ese múltiple
es el mismo dolor que tu gente combate.
Recíbeme dulcísima recibe al hijo pobre
que vuelve como pájaro emigrante a su suelo
que vuelve solamente a tu presencia
no porque tenga cosas terribles que decirte
y que aún su horrible corazón cobija
sino porque le alcanza estar de pie a tu lado
así por un momento el solo mínimo
minuto que nos damos pocas veces.

Escúchame sostiénete recibe el homenaje
del hijo viejo, él también castigado
por otras lacerantes desventuras
pero con fé cedida en un futuro
que aunque alentando vida está dejando sangre
que va dejando muerte en el camino
hasta parir la vida verdadera y segura.

Madre, son otras horas estas horas.
Madre, aquella familia que antaño congregabas
pudo ser lo que fue en aquellos días.
Hoy se abrieron los cauces
quienes sirven al pueblo de una parte
quienes a los verdugos asociados
pues se aventó en la lucha
la estructura que entonces parecía
la construcción eterna de los dioses.

Desde esta guerra, madre, te miramos
aún lejanos de tí sostenemos un sueño
donde también estás aunque no sepas.
No me recibas madre adusta ni sentida.
Si vengo a ver que estás y que miras
también los combatientes conmigo te saludan.

Y por ellos tu hijo guarda el poco
que al fin final
les quedará en las manos.

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